Sindicato, movimiento obrero, partido

Jorge Lefevre Tavárez || Coordinador de la Red de Sindicatos y Colegiaciones

El sindicato, en su sentido más estrecho, es una agrupación de trabajadores y trabajadoras que busca mejorar las condiciones laborales dentro de un espacio de trabajo particular. Esto lo hace agrupando a las personas asalariadas para que, unidas, a través de la acción concertada, sean capaces de lograr estas reivindicaciones. De otra manera, les sería imposible dada la correlación de fuerzas desigual que conlleva la relación obrero-patronal. El patrono, de entrada, tiene todo el poder; las personas asalariadas solo tienen, además de su fuerza de trabajo, su capacidad numérica y organizativa.

El sindicato no es la única manera que tiene la clase asalariada de organizarse: existen, por ejemplo, las asociaciones, las sociedades de apoyo mutuo, las cooperativas, e incluso, para ciertos oficios, los colegios profesionales. Sin embargo, el sindicato se destaca por dos razones principales. En primer lugar, su propósito es negociar con el patrono mejores términos y condiciones laborales, a través de un contrato laboral colectivo que acoja a toda la matrícula que representa (en Puerto Rico llamado un convenio colectivo).

En segundo lugar, porque, para lograr su propósito, se encuentra en relación antagónica con los intereses patronales. Esto posibilita el que el sindicato sea un espacio en el que se desarrolle la consciencia de clase, es decir, la consciencia de que, en la sociedad en que vivimos, cada clase social tiene sus propios intereses, y la necesidad de que la clase trabajadora debe organizarse de manera independiente para poder adelantar los suyos.

Y, sin embargo, el mero intento de adelantar los intereses de estos grupos de trabajadores para lograr un convenio colectivo demuestra la continua necesidad de rebasar el espacio de trabajo. Los patronos no solo dominan en el taller de trabajo, sino en la sociedad en su conjunto. A pesar de la competencia entre ellos, a pesar de sus diferencias, los patronos suelen agruparse para adelantar sus intereses en el terreno político. En las últimas décadas, han logrado sus objetivos: desmantelar los derechos conquistados de las personas asalariadas y corroer el aparato público de funcionarios que representan los intereses de su clase, quienes no titubean en cometer actos de corrupción para enriquecer con fondos públicos el bolsillo privado.

Ante este panorama, se hace evidente que no solo tenemos que luchar contra el patrono en el espacio del trabajo, sino también contra las leyes y contra todo el aparato estatal que controlan los intereses patronales. A partir de esta lucha, vemos que no es solo un sindicato el que tiene que rebasar el espacio laboral para adelantar sus intereses, sino el sindicalismo y el movimiento obrero como conjunto, como sector social.

Esta necesidad de rebasar el espacio laboral para entrar en el espacio político trae consigo varias preguntas. ¿Cómo queremos insertarnos en este espacio, como sindicato aislado o como un junte de sindicatos? La respuesta debería ser evidente: de la misma manera que en el lugar de trabajo se requiere la unidad de las personas asalariadas para fortalecer sus demandas a través del sindicato, a nivel de sociedad es necesario que el movimiento obrero actúe como conjunto, hasta donde le sea posible.

Esta ha sido una de las debilidades del movimiento obrero en Puerto Rico en tiempos recientes: su fragmentación. Esto se debe, en parte, a las leyes que dividen a los sindicatos y su radio de acción. Pero la fragmentación no se limita a ella. De hecho, el llamado a la creación de una Central Obrera Única suena a un reclamo histórico que ya pocos sectores obran por crear, a pesar de su necesidad.

Pero, habiendo establecido la necesidad y la deseabilidad de que el movimiento obrero en su conjunto intervenga en el escenario político, ¿cómo se daría esa intervención? ¿Para limitarse a cabildear a favor de nuestros intereses con los partidos existentes? ¿Para insertarse en los partidos existentes? ¿O a través de la creación de sus propias estructuras partidistas independientes para impulsarlos?

A estas problemáticas se le han dado variadas respuestas a lo largo de la historia del movimiento obrero en Puerto Rico. En no pocas ocasiones, la consecuencia lógica de este razonamiento es que el movimiento obrero debe apostar por su independencia política: es decir, debe crear sus propios vehículos, sus propias estructuras, para adelantar sus intereses de clase, antagónicos a los intereses patronales.

A Movimiento Victoria Ciudadana, y, sobre todo, a las personas que pertenecen al movimiento obrero y forman parte de Victoria Ciudadana, nos deben interesar estas preguntas y debemos discutir las respuestas correspondientes. ¿Cómo intervenimos, como movimiento obrero, en Victoria Ciudadana? ¿Es Victoria Ciudadana un vehículo útil para que la clase obrera pueda adelantar sus intereses? ¿Cuál es el rol que ocupa el discurso de clase y el movimiento obrero en Victoria Ciudadana?

En la Red de Sindicatos y Colegiaciones (de la Red de Saberes y Talentos) y en la Red de Sindicalistas (de la Red de Colectividades) de Victoria Ciudadana, hemos empezado a tener estas discusiones a través de las Conferencias Sindicales, en las que participan sectores del movimiento sindical dentro y fuera de Victoria Ciudadana. La primera tuvo como propósito discutir el estado actual del movimiento obrero y contó con el Senador Rafael Bernabe como orador invitado. La segunda tuvo como tema la participación de los sindicatos en la lucha política, y tuvo como orador invitado a Israel “Piculín” Marrero, Vicepresidente del Sindicato Puertorriqueño de Trabajadores y Trabajadoras (SPT).

En los meses que siguen, esperamos seguir profundizando en estas conversaciones, mientras fortalecemos el sector sindical y obrero dentro de Victoria Ciudadana.

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