Trascendencia y gratitud: un concepto inclusivo de la espiritualidad

Ángel R. Villarini Jusino1

Diversas corrientes en la literatura, la filosofía y la psicología han insistido en que: “El preocuparse por hallar un sentido a la existencia es una realidad primaria, es la característica más original del ser humano.” Como lo dice Víctor Frankl: “El hecho antropológico fundamental es que el ser humano remite siempre más allá de sí mismo, hacia algo que no es él, hacia algo o hacia alguien, hacia un sentido. El ser humano se realiza a sí mismo en la medida que se trasciende”.

Defino la espiritualidad como el «sentido de trascendencia» en tanto capacidad del ser humano para una forma de experiencia y conciencia, es decir, para comprender (acto hermenéutico simultáneo de interpretar, sentir y vivir) su vida -o actos de la misma- como parte de una totalidad más amplia, en el contexto de la cual ésta cobra un significado de misión, y de la cual brota un sentido de agradecimiento y responsabilidad, pero también de armonía, paz y alegría. La experiencia espiritual de la trascendencia implica en primer lugar el reconocimiento de que nuestra vida plena se inserta en procesos más amplios en espacio y tiempo a la luz de los cuales adquiere sentido de dirección, goce, liberación y desarrollo.

En términos generales reconocemos entre otras, cuatro formas de espiritualidad, de experimentar la trascendencia. Estas formas se combinan históricamente, predominan una más que otra en épocas o culturas. Se manifiestan en religiones, movimientos sociales, filosofías, mitos, etc.

1. El experimentarse como parte de una naturaleza en evolución, orden vital o un plan universal o divino. Esta es la experiencia propia de las religiones y filosofías panteístas

Dos amores fundaron, pues, dos ciudades, a saber: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena, y el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio, la celestial. La primera se gloría en sí misma, y la segunda, en Dios, porque aquélla busca la gloria de los hombres, y ésta tiene por máxima gloria a Dios, testigo de su conciencia. Aquélla ama su propia fuerza en sus potentados […]En ésta, en cambio, no hay sabiduría humana, sino piedad, que funda el culto legítimo al Dios verdadero, en espera de un premio en la sociedad de los santos, de hombres y ángeles, con el fin de que Dios sea todo en todas las cosas. San Agustín

2. El experimentarse como parte de un proceso histórico de constitución de la humanidad plena, de su perfectibilidad, de una agenda histórica que pasa de generación en generación. Esta es la experiencia de la trascendencia que se da en el humanismo de la modernidad, tanto en sus variantes idealistas, positivistas, como en la materialista histórica de Karl Marx.

Aunque se necesiten muchos siglos para ver históricamente cumplido este fin último, ¿es menos digno del hombre considerar como un presente el total porvenir de nuestra naturaleza? ¿No debemos nosotros, ya desde hoy, vivir en el espíritu de nuestra historia definitiva? ¿Será ésta algún día efectiva, si nosotros hoy no aspiramos a realizarla? ¿Desmayará nuestro interés una vez aplicada al fin de nuestra humanización en el todo y en la partes, porque la grandeza de esta obra, la multitud de sus pormenores y grados intermedios pida largo tiempo, antes que madure el fruto en el árbol de la vida? Karl Krausse

3. El experimentarse como miembro de una forma concreta de humanidad, de una colectividad que comparte una geografía, una cultura una historia: El pueblo, la nación. Es la experiencia de la trascendencia desde una perspectiva nacionalista patriótica, propia de, por ejemplo, el patriotismo. Albizu Campos.

Gloria a esas manos aborígenes porque trabajaban.
Gloria a esas manos negras porque trabajaban.
Gloria a esas manos blancas porque trabajaban.
De entre esas manos indias, negras, blancas,
de entre esas manos nos salió la patria.
Juan Antonio Corretjer

4. El experimentarse a sí mismo como proyecto y tarea constante de superación, de integración y desarrollo pleno para consigo, la comunidad y el universo. Es la experiencia de la trascendencia como se la entiende en ciertas éticas, psicologías humanistas como la de Abraham Maslow, y ciertas corrientes del budismo:

Cada individuo es exactamente lo que él se ha ganado el derecho de ser. Está exactamente en el lugar en que se ha ganado el derecho de estar. Lo rodea aquella felicidad cuyos derechos ha adquirido en el pasado. Se enfrenta en la actualidad con las deudas contraídas en el pasado y que hoy le salen al encuentro. Buda

En la espiritualidad la persona encuentra el sentido de su vida en el servicio como gratitud hacia “lo otro”, la naturaleza, lo divino, los demás. Los mayas agradecen los favores recibidos, las reprensiones, la venida de un nuevo día, la tarde y la noche; agradecen también los consejos que reciben, los saludos y las participaciones de las personas en reuniones familiares y comunitarias (Giacalone y Jurkiewicz).

En la espiritualidad el sujeto no se mueve por las consecuencias que espera tras la acción realizada (premio), ni por las se produzcan en él en virtud de la acción ejecutada (satisfacción por el trabajo bien hecho o su desarrollo personal). Se mueve por las consecuencias que espera que produzca su acción en otras personas o en su entorno. La motivación trascendente genera un vínculo moral o de servicio. Como lo expresó nuestro Hostos:

El hombre social es un ser de gratitud. En nuestra calidad de miembros de una familia estamos tan íntimamente ligados a ella por la gratitud, que nos reconocemos hechura suya desde la cuna hasta la tumba […] la misma relación de gratitud liga al hombre con la sociedad nacional, y constituye lo que [] no es un simple sentimiento, sino un verdadero deber de patriotismo. A medida que se extiende esta relación de gratitud a la universalidad de los hombres, va haciendo más vigorosa la fuerza de la dignidad humana, de tal modo, que el hombre que vivamente siente la gratitud que a la humanidad debemos por sus incesantes beneficios, es el más humano.

Sea cual fuere nuestro experiencia y concepto de lo espiritual, sin él nuestra visión queda nublada, nuestras vidas parecen pobres y nuestros objetivos penosamente finitos. En la sociedad de consumo y abundancia, indica Víctor Frankl, sólo hay una necesidad que no encuentra satisfacción y esa es la necesidad de sentido. En ausencia de un sentido de trascendencia, de experiencia de (lo) espiritual, las personas viven en un vacío existencial que se manifiesta en la búsqueda del placer, el consumo desmedido de objetos, información y espectáculo: “Las personas tienen los medios para vivir, pero carecen de sentido por el qué vivir.”

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1 Ph.D. egresado, “Honorary degree recipient of the Graduate School of Humanities”, del Boston College donde fue discípulo de Hans Georg Gadamer. Tiene un doctorado con especialidad en ética y hermenéutica filosófica.

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