¡LUMA tiene que irse!

Autor: Andrés Méndez Jr.

«Nuestra nación es como el caballo que va con un paso cuidadoso y firme; a pesar de los pesares, inconvenientes o desafíos siempre supera el camino. Así somos.» Juan Antonio Corretjer

El tema de LUMA es un disco rayado. Se trata de otro intento de un sector minoritario dentro de los partidos gobernantes que quieren imponer una agenda neoliberal de privatización a la trágala. Resalto que es un grupo minoritario dentro de los partidos coloniales, pues la mayoría de sus votantes o adeptos, aunque no estén conscientes de ello creen en un sistema de beneficencia público, en un sistema de gobernanza socialista; aun el vocablo y la definición de este perciban como anatema a su seguridad o “libertad». No ahondaré en el tema por ser propio de la psicología que nos ilustró en su obra El Retrato del Colonizado, Albert Memmi. Es ese temor del colonizado con aquellos que luchan por la verdadera libertad y justicia social dentro de la colonia.

De manera objetiva LUMA, a pesar del incondicional respaldo de la administración de Pierluisi, ha sido un fracaso. No han podido superar las expectativas con que inicialmente ilusionaron al pueblo respecto a que la privatización sería una varita mágica con la cual se resolverán todos los problemas en el sistema de suministro eléctrico en el país. Por el contrario, se han mostrado como incompetentes a pesar de tratar de justificar sus desaciertos con que son productos de las plantas de generación. En informe dado a conocer recientemente por el Centro de Periodismo Investigativo se indica que objetivamente el tiempo de corregir una avería en el sistema de distribución se ha duplicado comparado con los meses previos cuando el sistema estaba a cargo de la AEE.

“El índice CAIDI (Customer Average Interruption Duration Index, en inglés) promedia el tiempo en que una compañía eléctrica, en este caso LUMA, repara las interrupciones. Mientras menor sea la cifra, mejor para el cliente. Para los meses de junio, julio y agosto de 2021, fue de 323 minutos. El año anterior, en esos mismos meses, cuando la AEE aún administraba el sistema de transmisión y distribución, el índice era bastante menor: 155 minutos. En 2019, eran 152 minutos. En EE. UU., el promedio es de 82 minutos.” (Apagones empeoraron desde la entrada de LUMA, reconoce un documento de la empresa – Centro de Periodismo Investigativo (30 de septiembre de 2021)

La mayoría de nuestro pueblo no le importa sus excusas. Las mismas parecen ser más un tinglado para justificar el que también se privatice la generación de la energía con la excusa del sargazo en las centrales de Palo Seco, Costa Sur. Lo real y objetivo es que hoy estamos casi al igual que tras el paso de María, donde prevalece la incertidumbre si tendremos o no servicio de electricidad en nuestras viviendas, trabajo o las luminarias de los expresos, avenidas o calles de la comunidad. Una empresa que a pesar de los millones que se le paga no pueda garantizar que haya luz de nada sirve por más que trate de  justificarse.

El proceso con LUMA, como he indicado es un disco rayado; similar al que ocurrió con ONDEO y la Compañía de Aguas en el intento de privatizar el sistema del sistema de agua potable y acueductos durante el régimen rosellista del 1992-2000. Se trata de una combinación entre el poder político y la aportación económica al partido gobernante de turno. Nadie se olvide que la génesis del proyecto de privatización de la energía eléctrica fue apadrinada por el ex senador Bathia y la administración de García Padilla. Una mentalidad de que porque sus ejecutivos hablen inglés son más inteligentes y superiores a nuestros compatriotas con su misma o mayor educación y experiencia.

LUMA pasará al olvido como ONDEO, pero no por ello debemos confiar que el cual será como resultado de algún trámite legislativo o por acción administrativa del ejecutivo. LUMA se irá más pronto que temprano por la lucha en la calle. Será por la presión que muestre el pueblo en una lucha directa mostrando su indignación ante una empresa que no ha podido brindar el servicio por la cual se le contrató.

Volvamos a caminar con el paso del caballo criollo de paso fino. Ese que no se rinde y a pesar de todas las inclemencias del tiempo o las dificultades del camino siempre logra llegar. Nadie se lamente o desespere; que se trata de asuntos pasajeros; pero que tampoco debemos quedarnos quietos como si nada pasara. Hay una crisis y un problema. Es nuestro deber ser consecuentes y marchar, acudir a la acción directa y militante para superarla.

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