La educación popular como clave estratégica decolonial

Autora: Liliana Cotto Morales enlace de VAMOS en CEAAL Puerto Rico

Primero de una serie de artículos sobre la educación popular como recurso descolonizador en organizaciones

Imagen de Kike Estrada

«Ya es tiempo. El pueblo que quiere libertades las coge, y no las espera de nadie, de gracia y merced.» Betances, 1888

« …cuando una revolución colonial ha pasado del período del frenesí al de resolución inquebrantable, no hay fuerza ni poder que triunfe de ella.» Hostos, OC, 1939

«Vivir adentro y en contra.» Quijano, 2006

Betances, Hostos y Quijano nos hablan de hoy. Estamos en un buen momento para la descolonización jurídica y para descolonizar el poder en todas las dimensiones de la vida personal y colectiva. Vivimos la tormenta perfecta para la liberación.

El desafío que nos plantean Betances, Hostos y Quijano está vigente. Ya es tiempo de multiplicar la resolución inquebrantable de ser libres. Es tiempo de reconocer en las estrategias organizativas que el reclamo de libertad e independencia  requiere cambios personales profundos.  Hostos  lo señaló: “La independencia política no es garantía de emancipación mental”.

La emancipación social e individual de nuestra Patria requiere sistematizar los procesos que la potenciarán. Se organiza y se lucha por la independencia jurídica y simultáneamente por la “emancipación” como seres humanos. Es  preciso crear espacios de acción-reflexión-acción en las organizaciones comprometidas con la tarea decolonial. Espacios paralelos a los de movilización, propaganda y campañas. Espacios  que posibiliten examinar sistemáticamente la dialéctica de práctica-teoría-práctica en comunidades, partidos, organizaciones educativas y  en el país.

«Ya es  tiempo».  Las lógicas de dominación  coloniales locales están en crisis. De igual manera están en crisis las lógicas de dominación globales, eurocéntricas y neoliberales. Ambas lógicas, locales y globales surgen del colonialismo, una forma de dominación militar, política económica y cultural que en  Abya Yala (América) se dio a partir del siglo 16. Por lo cual es una relación de dominación históricamente constituida y específica.

El colonialismo   produjo un  nuevo patrón de poder, la colonialidad, basado en la noción de raza.  Sostuvo que las poblaciones encontradas diferentes no eran humanas sino inferiores biológicamente. Este nuevo  patrón de poder justificó ideológicamente la conquista, y  » … ha probado ser, en los últimos 500 años  más profunda y duradera que el colonialismo… fue engendrada dentro de este y, … sin él no habría podido ser impuesta  en la intersubjetividad del mundo, de modo tan enraizado y prolongado». (Quijano,2007).

En el planeta quedan pocos ejemplos de colonialismo jurídico clásico. Puerto Rico es uno de ellos. Pero la colonialidad, como patrón de poder hegemónico,  ha permanecido en nuestro país y aún en sociedades que fundaron estados nacionales. Estados nacionales que reprodujeron relaciones de dominio en todas  las áreas de la vida social: racistas, patriarcales, de explotación de la naturaleza, del trabajo de las poblaciones dominadas, las subjetividades, y las relaciones de autoridad.

Ese patrón de poder produce el dominio del conocimiento (colonialidad del saber) que  inferioriza otros saberes, las espiritualidades y las consciencias de los pueblos invadidos y los convierte en superstición o folklore. Un ejemplo de este epistemicidio es la descalificación de los saberes boricuas ancestrales y de otras índoles por parte de las pedagogías colonizadoras oficiales.

Toda opresión, sin embargo, genera resistencia. Puerto Rico no es excepción. Contamos con una rica historia de resistencia en nuestroADN político-cultural. Hoy es preciso conocer, divulgar y sistematizar los recursos que potencian las resistencias y las convierten en  insurgencias. Las insurgencias son alternativas que cuestionan  y trascienden las lógicas del sistema. Es ineludible  la necesidad de incluir  sistemática  y organizativamente  la teoría y la práctica  emancipadora. Que les militantes  manejen contenidos teórico-ideológicos sólidos, coherentes y metodologías/técnicas que garantizarían el efecto multiplicador necesario: democrático y efectivo.

» Amamos la Patria porque es un punto de partida» (Hostos). La educación popular  como filosofía y práctica educativa es una de varias propuestas educativas liberadoras que nos permite clarificar los múltiples puntos de partida  que nos llevarán  como pueblo a coger las libertades con «resolución inquebrantable.» Esas libertades nos corresponden por derecho en lo personal y lo colectivo.

La educación popular tiene intencionalidad política y un compromiso de transformación social que privilegia las poblaciones excluidas. No es educación improvisada, poco formal, ni terapia individual para aceptar la realidad sin transformarla.  A partir de la valoración de los saberes populares  posibilita el  intercambio de saberes y propone la enseñanza democrática no autoritaria.

Además, estimula el  análisis crítico de la realidad para superar las miradas ingenuas dominadas por la colonialidad del poder, saber y ser.  Sostiene que todos los seres humanos tienen la capacidad de “ser más” y que esa voluntad genera la esperanza, único antídoto contra la inmovilidad.   Desarrolla técnicas de participación que estimulan el  apoderamiento, la autogestión, independencia y el pensamiento crítico y la validación de proyectos económicos comunitarios. Sus metodologías y técnicas se fundamentan en el diálogo, por la vía de la estrategia de la pregunta que permite aprender-enseñando y mandar-obedeciendo.

«Ya es tiempo de vivir adentro y en contra» de la colonialidad, propiciando la «resolución inquebrantable» de quebrarla desde la acción-reflexión-acción con nuestra gente.

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