La espiritualidad en Eugenio María de Hostos

Autor: Ángel R. Villarini Jusino

 

Hostos trató el tema de la espiritualidad como objeto de estudio de la ciencia, en otras palabras, elaboró un concepto científico de la espiritualidad. Esto significa analizarla a partir de la forma que se nos presenta, es decir, como fenómeno que se manifiesta en nuestra experiencia, individual y colectiva, en espacio y tiempo. Fenómeno que muestra a lo largo de épocas (historia) y pueblos (culturas) unos mismos rasgos característicos, que nos permiten, por inducción,  interpretarla como efecto de causas, es decir, sujeta a leyes que son sus condiciones de posibilidad. A su vez, estas leyes nos permiten explicar la variedad de formas que la espiritualidad puede asumir y el rol que desempeña como parte de fenómenos más amplios de la que es parte.

En el marco de esta concepción epistemológica, Hostos examinó la espiritualidad desde tres formas de experiencia íntimamente relacionadas: la mental individual, como realidad psicológica; la histórica cultural, como realidad social; la valorativa ideal, como realidad moral. 

Advierto, para evitar malos entendidos, que la espiritualidad, tiene como correlato, objeto al que tiende o trasciende, diversidad de formas que no se limitan a la  de algo divino, podría también referirse, por ejemplo, a la naturaleza, a la patria, a la humanidad, o a la propia conciencia humana.

La espiritualidad como fenómeno mental

En el Tratado de moral individual, que apenas bosquejo,  Hostos desarrolló sus ideas acerca de la espiritualidad como fenómeno mental. La espiritualidad se nos presenta aquí como una forma de conciencia, una manera del ser humano relacionarse, cognitiva afectiva y volitivamente, con la naturaleza con los otros y consigo mismo. El ser humano no solamente vive sino que se vive en relación y por lo tanto construye interpretaciones de las mismas. La espiritualidad es una de las formas originarias del ser humano interpretar esas relaciones, caracterizada por los siguientes elementos.

La espiritualidad hunde sus raíces en la biología misma del ser humano ya que éste(a) al nacer con un instinto de supervivencia, le lleva a reconocer y admirar la grandeza de la naturaleza que habita frente a la pequeñez que lo caracteriza. De aquí nacen, por un lado, un sentimiento de gratitud, de apego a esa naturaleza que se presenta como madre procreadora de vida; por otro, surge el deseo de obtener protección frente a lo desconocido o lo que pueda causar daño a la vida. Finalmente, la capacidad racional que desarrolla el ser humano lo lleva a preguntarse acerca de la causa última de la que depende su vida y que lo trasciende.

La espiritualidad es por lo tanto independiente de la diversidad de formas que pueda asumir a lo largo de la historia y los pueblos, aquella forma de conciencia mediante la cual el ser humano se siente parte de una realidad más amplia que lo trasciende, la cual es causa que lo sostiene y a la cual debe lo que es, para lo cual tiene gratitud y deberes y a la cual rinde culto. En este sentido la espiritualidad es parte inherente de la naturaleza del ser humano.

En diversos escritos Hostos ha reconocido el importante rol que en este sentido intelectual ha jugado históricamente la religión. Pero de igual modo critica su incapacidad para cumplir el mismo al no adecuarse al desarrollo de la ciencia moderna.

La espiritualidad como fenómeno social

En su Tratado de moral social Hostos analizó extensamente el fenómeno de la espiritualidad como elemento constitutivo de la organización social. De acuerdo con Hostos, la posibilidad de que exista una sociedad y que goce de un estado de salud depende de que se organice en torno a y se respeten 6 leyes que se integran para hacerla posible y que son causas de lo que la sociedad es un efecto. Una de estas leyes es llamada por Hostos la “ley del ideal”. Se refiere con ello a que toda sociedad necesita para surgir, desarrollarse, sostenerse y progresar elaborar y comprometerse con una visión de superación y perfeccionamiento, es decir un ideal civilizatorio, el espíritu nacional o de pueblo, que la trasciende. Ese ideal designa lo que la sociedad puede y debe llegar a ser.  Ello implica un conjunto de valores, cuyo cumplimiento permitirán convertirla en una mejor sociedad. De igual modo el ideal permite tanto legitimar un cierto orden social como criticar y denunciar los males de la sociedad existente para trabajar en su transformación. 

En diversos escritos de carácter sociológico e histórico, Hostos explica cómo ha operado esta ley en diversas épocas y sociedades y nos permite entender una de las causas que explican su ascenso y decadencia. Ese ideal o forma social de espiritualidad puede originarse en la religión, la filosofía política o la ciencia y adquiere en tiempo y espacio diversidad de manifestaciones en las instituciones y la conciencia colectiva. En este sentido Hostos reconoce el importante rol que la religión y la iglesia han desempeñado y aún podría desempeñar en el desarrollo de sociedades y pueblos. 

La espiritualidad como fenómeno moral

En su Tratado de Moral Hostos analiza el rol de la espiritualidad en la moral en cuanto a su capacidad para distinguir el  bien del mal, dar un sentido de dirección y propósito a la vida, y promover la esperanza de que el bien prevalecerá sobre mal. La moral implica la espiritualidad porque no se refiere a lo que existe, sino a algo trascedente, a lo que debe existir y viene a existir, como producto de la conciencia moral y su expresión en el comportamiento humano. Mediante la moral el ser humano obedece a las leyes que nos prescriben el desear y el hacer todo aquello que conserva, protege, enriquece y perfecciona la vida; y nos proscriben hacer lo que la daña, empobrece o mata. Es en este sentido moral-espiritual que Hostos llama al ser humano el “obrero de la vida.”   

Las leyes morales suponen un “legislador”, “tribunal” y  “juez”, que funda la moral.  En las religiones se trata de un ser divino. Pero similar rol puede ser desempañado, por la “naturaleza”, la “patria” o la propia conciencia. Es este aspecto, como en los anteriores Hostos reconoce y valora el importante rol que desempeña la religión, que él entiende que en el fondo no es sino una forma de moral.  

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