La agroecología: paradigmas y características

Por Nelson Álvarez Febles

En el escenario de la actual crisis compuesta (económica, social, ecológica, valores, de gestión  y gobierno, colonial),  la agricultura ecológica o agroecología ha demostrado que ofrece buenos rendimientos diversificados, protege los recursos y posibilita la recuperación agroecosistémica. 

Dos de sus características principales son que prioriza la seguridad alimentaria y que trabaja a favor de y con la naturaleza. Es una agricultura que se adapta a las características del lugar, en vez de buscar uniformar los campos para que cumplan con las necesidades de una misma tecnología agraria a través de diferentes ecosistemas, como hace la agricultura industrializada a nivel mundial. La agroecología propone la producción de alimentos para la seguridad alimentaria de las puertorriqueñas y puertorriqueños, para que tengan alimentos de calidad en cantidad suficiente todo el año, en un sistema agroalimentario en sintonía cultural.

Las fincas ecológicas integran carácterísticas que estimulan la salud y vitalidad de los suelos, la resiliencia, a través: del control de erosión, la vida y salud de  los suelos, protege los ciclos de agua, promueve una alta biodiversidad e integración productiva. No se promueven monocultivos que dependen de la importación de insumos caros como abonos, plaguicidas y maquinaria. Además, la integridad de los núcleos productivos (familias, cooperativas, asociaciones) y las comunidades rurales es una parte intrínsica de la definición y práctica de la agroecología como ciencia moderna.

Bases de la agrocología

La agroecología fue descrita en sus orígenes por el Dr. Miguel Altieri1, profesor en Berkley, California, como “las bases científicas para una agricultura ecológica”.  Surgió a finales de los años setenta como respuesta a las primeras manifestaciones de la crisis ecológica en la agricultura a nivel mundial. Una nueva ética ambiental proporcionó los fundamentos éticos y filosóficos a la agroecología como una herramienta para analizar y organizar un futuro agrícola más sustentable. 

La (re)valoración del conocimiento agrícola tradicional de la humanidad y del conocimiento indígena y campesino/jíbaro, marginados por la agricultura industrializada, ha llevado a reconocer muchas experiencias útiles para hacer frente a los retos del presente y a un enfoque más integral de los procesos agrarios.2 El desarrollo del pensamiento ecologista y la agroecología reivindican la transdiciplinariedad de las distintas ciencias naturales entre sí y con las ciencias sociales, para comprender y potenciar las interacciones existentes entre procesos agronómicos, económicos y sociales. 

La agroecología debe ser:

  • Económicamente sostenible: El trabajo agrícola debe permitir una vida digna para los que lo hacen, y proveer alimentos accesibles para la población local.
  • Ecológicamente sensitiva: Una agricultura que utilice los ciclos internos y la biodiversidad agroecosistémcia con criterios intergeneracionales.
  • Socialmente justa: Revaloración de la vida campesina, las comunidades rurales, iguales condiciones para mujeres, minorías,  y jóvenes.
  • Culturalmente respetuosa: Las propuestas agroalimentarias deben estar en armonía con los hábitos, tradiciones y geografía del país o región.

Sostenemos que es una opción viable y productiva ante la creciente procupación en Puerto Rico por la dependencia en la importación de la gran mayoría de los alimentos que se consumen (alrededor del 85%), además de la baja calidad de muchas de las provisiones que llegan a la Isla. Existen experiencias agroecológicas y ciencia sobre todos los tipos de cultivos que podemos producir en Puerto Rico, tanto aquí como en otros países con carácterísticas tropicales similares. Desde las Naciones Unidas se ha propuesto que la agroecología será la única manera de alimentar a la humanidad en el futuro.

Nuestras tierras, especialmente en las montañas, tienen suelos erosionados debido a siglos de cultivo y pastoreo, y al uso intensivo y extensivo sin priorizar medidas de protección durante el siglo pasado. Las quebradas y ríos sufren de sedimentación, lo que perjudica la cantidad y calidad de nuestros abastos de agua. Las prácticas agrícolas actuales son en parte responsables de la destrucción de los hábitats acuáticos naturales, con repercusiones que abarcan desde las cuencas hidrográficas, los cuerpos de agua dulce, los estuarios y deltas marinos, hasta los arrecifes costeros y manglares. El uso de yerbicidas y plaguicidas tóxicos tiene efectos perjucidiciales sobre la naturaleza y la gente. La deforestación indiscriminada destruye los suelos y la biodiversidad.

La agricultura ecológica es un puente que atraviesa el presente, recupera lo mejor de la tecnología y el conocimiento del pasado.  y,  A través de una investigación participativa, en la cual agricultores, agricultoras y personal técnico trabajen en unión, se abren puertas a modelos agroalimentarios de calidad para las familias puertorriqueñas en un futuro que creemos posible.

Hemos calculado que con las 600,000 cuerdas separadas en el Plan de Uso de Terreno del 2015 para la agricultura, además de los espacios urbanos, se podría producir  más de dos terceras partes de los alimentos que se consumen en Puerto Rico. En un próximo artículo veremos algunas propuestas hacia la soberanía alimentaria de nuestro País.

(*) El autor es ecólogo social, educador en agroecología y políticas para la sustentabilidad. Ha publicado los libros: El huerto casero: manual de agricultura orgánica (2008), La Tierra Viva: manual de agricultura ecológica (2010), y Sembramos a tres partes: los surcos de la agroecología y la soberanía alimentaria (2017)

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  1. Altieri, M. (1999). AGROECOLOGÍA: Bases científicas para una agricultura sustentable. NORDAN, Montevideo. Disponible en Internet.
  2. Por ejemplo: Álvarez Febles, N. “Lo jíbaro como metáfora del futuro [agroecológico]”. 2014. 80grados.net.

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