El llamado «consenso» de Steny Hoyer que ignora los mínimos esenciales

Por Javier Smith Torres

En un nuevo acto de cinismo antidemocrático y colonial, luego de cinco meses de negociaciones a puertas cerradas, la oficina del segundo en mando de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes de EE.UU., Steny Hoyer, honra al Pueblo de Puerto Rico permitiendo que la prensa nos filtre —solo «para suscriptores»*— algunos detalles de lo que será su gran proyecto de «consenso» para descolonizar a Puerto Rico. Según «fuentes», parece ser nada más y nada menos que otro plebiscito «pela’o», sin raíz y sin cuerpo, fruto y propiedad de los políticos de oficio locales y sus «panas» en DC. Cuando finalmente nos permitan ver su acuerdo histórico para con —y hacia— nosotrxs (como su noble PROMESA y voto de CONFIANZA), todos los sectores que proponemos un proceso asambleario democrático y de pueblo para adelantar la descolonización y negociar una nueva relación con Estados Unidos, tendremos que posicionarnos y reaccionar. En ese momento, será importante recordar los principios que nos han guiado hasta el momento.

Lo primero que debemos señalar es que una Asamblea (Constitucional) de Estatus (ACE), como la concebimos muchxs —desde el Movimiento Victoria Ciudadana, hasta el Partido Independentista Puertorriqueño, la organización ProELA, y el grupo de Nydia Velázquez—, ya contempla un plebiscito. En ese sentido, el proceso asambleario no está reñido con, sino que mejora fundamentalmente, lo que sería esa votación. En esencia, es una manera más democrática y participativa de definir, negociar y detallar las alternativas que irán a plebiscito.

Para el MVC, que proponemos una «democracia protagónica [y] empoderamiento ciudadano» y «una nueva manera de hacer política, que genere confianza y deseo de protagonismo, de parte del pueblo», y que planteamos que «la descolonización, no es solo en términos políticos y jurídicos», la negociación de los «contenidos» de la relación por parte de una sociedad activa es el reto principal. La libre determinación no es que, en un ejercicio de pronunciamiento unilateral, el Congreso o las diferentes ramas del gobierno de EE.UU. nos «informen» o provean «definiciones claras y realistas» de lo que existe hoy o de lo que estarían dispuestas a ofrecer y aceptar hoy. Al contrario, la clave está en que tengamos la misma capacidad de definir nuestros reclamos, cláusulas y condiciones, ponerlas sobre la mesa y no conformarnos con lo primero que se ofrezca. El mecanismo para llegar a esos reclamos, cláusulas y condiciones, establecer máximos y mínimos y luego negociar con EE.UU. es la ACE.

Sin embargo, el proyecto de Hoyer parece que seguirá el camino tradicional donde los altos lideratos partidistas, cabilderos y congresistas negocian en privado y en cenas en Washington las cajitas donde quieren permitir que el pueblo se ubique para poder contabilizarnos. En la noticia compartida, se reseña que el supuesto tranque está en la definición de la «Libre Asociación». La nota es ilustrativa sobre el sinsentido antidemocrático de dejar el proceso de definición a estos grupos desinteresados en atender la gravedad del asunto colonial y sus implicaciones. Pretenden definir un pacto de libre asociación antes de siquiera convocar una mesa de negociación pública, y las fuentes de su gran división son las especificidades de esa definición que ni siquiera les corresponde establecer.

En segundo lugar, el proceso asambleario es una herramienta para generar una unidad de pueblo hacia la descolonización y en favor de los proyectos colectivos asociados.

El MVC nace de la concertación de una Agenda Urgente (programa mínimo sobre el país y la sociedad que queremos) entre personas que tenemos diferentes preferencias sobre cómo relacionarnos formal y constitucionalmente con EE.UU. Muchos de los temas de esta agenda común tienen implicaciones directas sobre nuestra forma de relacionarnos con EE. UU. o nos dirigen a superar las relaciones coloniales de poder, en concreto.1

En la Red de Descolonización hemos planteado repetidamente que estos contenidos deben ser la discusión principal y que debemos trascender el debate entre “tres fórmulas de estatus” que nos han traído a callejones sin salida y tranques políticos. En la definición de las opciones, si nos dejamos llevar por el Programa de Gobierno del MVC y la Agenda Urgente, va a haber muchas formas de ver el futuro de PR, muchas “cláusulas” importantes que van a establecer variaciones, muchas condiciones que matizan las preferencias de las personas y mucho que se va a tener que negociar con EE.UU., incluso apelando a mecanismos de enmienda constitucional e interpretación/reinterpretación de parte del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Asumamos este reto.

Como han establecido el mismo Rafael Cox Alomar —quien lo tuvo que aceptar en varias ocasiones en el foro donde primero se presentó públicamente la idea de un plebiscito como supuesta medida de consenso— y el presidente de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara federal Raúl Grijalva —quien cerró la vista del 14 de abril de 2021 puntualizando el hecho— el derecho es cambiante. Lo definen las condiciones políticas y la capacidad de organización, articulación y lucha.

La posibilidad de trascender el debate entre tres fórmulas estáticas, definidas de antemano, detrás de puertas cerradas, en oficinas y hoteles de DC, nos permite adelantar aún más camino con la política de «unidad en lo que nos une» y evitar que los procesos se degeneren en la política tribal de forma prematura o innecesaria.

Todxs podemos ganar en el proceso si lo trabajamos constructivamente, desarrollando esas pequeñas agendas comunes. Pero la única manera de lograr que las resultantes formas de relacionarnos con EE. UU. nos acerquen a esas agendas comunes es negociando en serio. Un plebiscito «pela’o», que prescinde de un proceso de acordar reclamos y negociar cláusulas y contenidos, y que nos acorrala hacia un marco adversativo (donde para que unxs ganen, otrxs tienen que perder), evidentemente imposibilitaría el desarrollo de una fuerza y voz descolonizadora unitaria.

Mantengamos la línea. Si finalmente baja un proyecto de la oficina de Hoyer, recordemos nuestros principios. No nos salgamos del paso aceptando las migajas que nos ofrecen. Sigamos apostando por una democracia viva y activa. Sigamos confiando en las posibilidades que nos ofrece primero pensar el Puerto Rico que queremos, en concreto, y llevar esa agenda de concertación hasta el final.

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* Desde la redacción de este artículo, se han publicado otros reportajes que confirman lo filtrado. Por ejemplo: https://www.elnuevodia.com/corresponsalias/washington-dc/notas/nydia-velazquez-y-jenniffer-gonzalez-mas-cerca-que-nunca-de-llegar-a-un-acuerdo-sobre-un-proyecto-de-status/

1. Algunos ejemplos de la agenda común del MVC con implicaciones sobre nuestra relación con EE. UU. y la descolonización que expresan la Agenda Urgente (AU) y el Programa 2020 (PG) son:

  • Desarrollo económico local que ponga fin de la fuga masiva de ganancias (AU p. 8), con impacto significativo de sustitución de importaciones (PG p. 16) y defensa de la producción local (PG p. 21);
  • Reducción de la pobreza y la desigualdad (AU p. 5; PG p. 34);
  • Soberanía alimentaria (AU p. 8; PG p. 135 y otras);
  • Políticas contra el racismo y la xenofobia (AU p. 13; PG p. 51);
  • La inclusión de género, la justicia y el reconocimiento pleno de la diversidad (AU p. 13; PG p. 40);
  • Exigir que no se apliquen a Puerto Rico las leyes de cabotaje (PG. pp. 22, 50)
  • Sistema de salud universal y salud fiscal (AU p. 7; PG p. 64) y soberanía sanitaria (PG p. 23)
  • Enfoque salubrista y no penal sobre el consumo y la posesión de sustancias controladas (AU p. 8; PG p. 67);
  • Defensa del patrimonio (AU p. 11; PG pp. 79-80);
  • Política sistemática de participación en espacios de diálogo e intercambio internacional (PG p.11)
  • Generar un mayor intercambio cultural, social y económico entre la población puertorriqueña que vive en Puerto Rico y la que vive en el exterior (PG p. 145).

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