¡Hay que espabilarse! Pensamiento crítico, el consentimiento informado y las vacunas para la COVID-19

Autor: Ángel R. Villarini Jusino

En Puerto Rico toda persona tiene derecho a tomar decisiones respecto a la intervención médica a la que habrá de someterse. Ello incluye su derecho de consentir o rechazar tratamiento médico, luego de que su médico le haya provisto la información necesaria para tomar una decisión de esa naturaleza. Esta “doctrina del consentimiento informado” (CI) se basa en el principio que consagra la inviolabilidad del cuerpo humano como un derecho inalienable de las personas. Impone al profesional de la salud el deber de informar a su paciente todo lo relacionado con la naturaleza y los riesgos de un tratamiento médico, de manera que este pueda tomar una decisión inteligente e informada. El Tribunal Supremo de Puerto Rico ha resuelto que una intervención médica realizada sin contar con el consentimiento previo del paciente es un acto cuyo incumplimiento puede causar responsabilidad legal.

Aunque el CI tiene un fundamento sustancial en normativas legales, es esencialmente un imperativo ético fundado en el reconocimiento de que las personas tienen derecho a aceptar o rechazar intervenciones sanitarias basándose en sus escalas de valores y en su deseo de realizar sus propias metas. El proceso de información y toma de decisiones en el ámbito de la prestación de servicios de salud tiene su fundamento en los derechos humanos y, concretamente, en el derecho de una persona para decidir sobre su propia salud. Toda persona, llegada cierta edad y funcionamiento racional, tiene el derecho a la autodeterminación en materia de salud, la libertad para decidir qué cuidados médicos quiere recibir para mantener o alcanzar un estado de salud, lo cual incluye el vacunarse o no. 

El derecho al CI obliga a los(as) profesionales de la salud a brindarles información a los participantes de sus servicios sobre en qué consiste su afección y las opciones de tratamiento para su caso. Este proceso, que promueve el protagonismo de la autonomía del o la participante en las prácticas en salud, tiene sus orígenes en la reivindicación de los derechos civiles, el desarrollo de la investigación biomédica, la promulgación del Código de Nuremberg y la crítica al modelo paternalista en los servicios de salud.

El consentimiento informado implica que la persona tiene la información necesaria y suficiente para poder entender el mal o peligro a su salud que le amenaza o aqueja, y como protegerla. Para facilitar el ejercicio de este derecho la o el proveedor de servicios de salud debe proporcionarle al o a la participante la información necesaria o que puede solicitar.  Un consentimiento informado debe contener toda la información relevante y veraz (confiable) de modo que él o la participante comprenda lo siguiente:

  • su estado médico actual, que incluye su evolución probable si no se realiza ningún tratamiento.
  • los tratamientos que pueden ser útiles.
  • otras alternativas de tratamiento que estén disponibles, aunque sean menos indicadas.
  • la descripción y la explicación de los riesgos y los beneficios probables de cada alternativa.
  • otras alternativas de tratamiento que disponibles, aunque sean las menos indicadas.
  • Incertidumbres asociadas con cada uno de las alternativas
  • de modo general, la opinión profesional del médico sobre cuál es el tratamiento más recomendable. 

Del dicho al hecho hay un gran trecho. Muchas veces este el derecho al consentimiento informado se ignora o se burocratiza -convirtiéndolo en el formalismo mecánico de firmar un papel sin que haya mediado un verdadero proceso comunicativo e informativo. Es lo que ha venido ocurriendo con el proceso de vacunación para el covid-19. En el empeño de conseguir que el mayor número de personas se vacune se ha prescindido de comunicar información que pudiera generar dudas en la población. Paradójicamente, lo que se ha conseguido con este ocultamiento y desinformación sobre las limitaciones y riesgos de las vacunas, es generar dudas que sirven de caldo de cultivo a la desinformación o información parcializada que algunos de los que se oponen a las vacunas difunden para generar desconfianza en la población. En cualquier de los dos casos, ya sea ocultando información sobre los peligros y riesgos de las vacunas y solo hablando de sus beneficios, u ocultando los beneficios y solo mencionado los riesgos se está incumpliendo con el derecho de toda persona el consentimiento informado. 

Los saberes de la ciencia y las profesiones de la salud aliadas a la misma no son dogma, son interpretación hipotética sobre datos que proporciona la investigación experimental y de campo. Es la forma de construir conocimiento más valioso que ha desarrollado la humanidad para saber cómo funciona la naturaleza, para sobre esa base influenciar su curso. Aunque los gobiernos y las compañías productoras de vacunas no le den la importancia que tiene para un consentimiento informado, se reconoce en todos los informes surgidos de la mayoría de la comunidad científico-profesional que aún no sabemos todo acerca de las complicaciones y limitaciones que podrían surgir en la medida en que pase el tiempo y la vacunación implique a más millones de personas o que surjan nuevas variantes del virus. 

Los saberes de la ciencia y las profesiones aliadas a la misma no son dogma, son interpretación hipotéticas sobre datos que proporciona la investigación experimental y de campo. El tema del covid-19 y  el de las vacunas y la vacunación (tres cosas relacionadas pero diferentes) son asuntos controvertidos porque no hemos acumulado suficiente información científica sobre sus efectos de largo plazo y porque la que si tenemos admite diversas posturas. Hay por ello una cierta incertidumbre que no podemos negar al recomendar ciertas medidas preventivas.

A pesar de esta relativa incertidumbre, hay consenso, por parte de la mayoría de los profesionales y organizaciones de la salud, en que las más efectivas medidas de prevención con las que contamos son las mascarillas, el distanciamiento físico, el fortalecimiento del sistema inmunológico, las pruebas de detección, el rastreo de casos y, desde luego, las vacunas. El preferir el vacunarse a no hacerlo no es un asunto de certeza, sino de probabilidades, de estadísticas, de matemáticas. Toda la información científica que tenemos al presente (agosto 2021) nos indica que hay mucho más riesgo para la salud y la vida, nuestra y de otros, si no nos vacunamos; por tanto, es preferible hacerlo.

Ángel R. Villarini Jusino es PhD en filosofía con especialidad en ética, epistemología y hermenéutica filosófica. Ha dedicado su preparación profesional en filosofía, historia y ciencias políticas a su aplicación en la formación de profesionales de la educación y la salud en Puerto Rico y otros países. Fue comisionado de la Comisión para el Estudios de la Reforma de Salud y de la Comisión de Bioética de Puerto Rico.

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