Educación con Perspectiva de Género: Educación para equidad, justicia y paz

Por: Agustina Luvis Núñez

La Organización de las Naciones Unidas define la perspectiva de género como “el proceso de evaluación de las consecuencias para las mujeres y los hombres de cualquier actividad planificada, inclusive leyes, políticas o programas, en todos los sectores y a todos los niveles”.

Como científica, el instrumento que me permite ver con claridad lo que no se percibe a simple vista es  el microscopio. En el caso de la educación, la perspectiva de género es el instrumento que nos permite identificar y atender, el discrimen, el bullying, el irrespeto a quién es más alto, más bajita, más flaca, más gordo, con piel negra o pigmentada con vitíligo, de identidad de género no binaria, y otras.

La educación pública  es un proyecto democrático, igualitario y obligatorio, cuyo  objetivo es formar a las futuras generaciones. El sistema educativo tiene la responsabilidad de transmitir saberes, aportar valores y normas de comportamiento que permitan el desarrollo de modelos, donde toda persona se sienta bienvenida y que el estudiantado salga de nuestras aulas en capacidad de enfrentar los retos de esta sociedad compleja con expectativas de equidad. 

La educación que necesitan  niñas, niños y adolescentes debe proveerles propuestas que les ayuden a desarrollar sus capacidades y mejorar su presente con un sentido de justicia social. La educación con perspectiva de género abre nuevos horizontes, debido a los compromisos de esta de construir una base sólida que brinde a nuestra niñez la capacidad y autonomía para crecer en un mundo libre de estereotipos.

 La falta de oportunidades educativas que han tenido niñas y mujeres, limitando su incorporación y contribución a la sociedad en un plano de equidad, ha sido consistente. 

Asumir el encargo social de educar para una cultura de inclusión, de paz y en la equidad de los géneros es imperativo. Eliminar las desigualdades educativas implica erradicar todas las formas de manifestación del sexismo en los procesos educativos. Es importante incorporar el reconocimiento de la diversidad como un principio pedagógico y para esto es necesario desarrollar, promover y construir alternativas creativas y estratégicas que incorporen esta perspectiva  en las diversas realidades y contextos de nuestra sociedad.

Esto redundará en servicios accesibles  de manera equitativa y contribuirá a  una mejor convivencia humana, a fin de fortalecer el aprecio y el respeto, la dignidad de cada persona, la integridad de las familias, equidad y derechos humanos. Además, evitará los privilegios de raza, sexo, género, orientación sexual, religión, clase y otros.

Esta incorporación en nuestro sistema educativo permitirá que la educación que reciben nuestros niños, niñas y adolescentes esté a la altura de los tiempos: una educación actual, eficiente, diversificada, de calidad y adecuada a las necesidades de nuestro estudiantado. Nos ofrecerá herramientas para combatir rezagos, desigualdades y que puedan desarrollar las competencias de vida para el mundo del siglo 21.  La meta es crear y fomentar ciudadanos y ciudadanas comprometidas con su país y con su mundo, partícipes de una cultura de paz y de preservación de los medios, entornos y contextos en los que se desenvuelven.

Desde la fe cristiana y como teóloga, afirmo que una educación con perspectiva de género es  una educación cónsona y coherente con el mensaje de justicia del Evangelio de Jesucristo. El Maestro, confrontó las desigualdades e injusticias  de género de su tiempo de muchas maneras. Para mencionar una, de muchas. En el relato de la visita a la casa de Marta y María (Lucas 10,38-42), Jesús valora la actitud que tiene María como discípula, la que escucha las palabras del maestro, (costumbre que en esta época estaba generalmente reservada solo a los varones), y no tanto la actitud de Marta, que se dedicaba a los servicios (diaconías) u oficios propios de la casa. Hay una subversión de la división sexual del trabajo, y una valoración diferente de los trabajos que se derivan de ella. Los varones están llamados también a servir, las mujeres a participar de las enseñanzas. 

En términos generales, Jesús, según el testimonio de los evangelios, se aparta de muchas de estas costumbres, transformando o recreando especialmente aquellas que implicaban la exclusión de las personas.  Jesús no legitima ni justifica las costumbres que se derivan de la división sexual del trabajo, en donde la mujer se dedica a los servicios de la casa y los varones a los oficios públicos como participar de las enseñanzas. Tampoco valora estas costumbres o trabajos de acuerdo con los criterios con los cuales lo hace la sociedad patriarcal. 

Podemos entonces decir, que Jesús rompe con la manera dominante de ser varón dentro de esta sociedad, y nos da pautas para vivir de una manera totalmente nueva, para construir unas relaciones más justas entre los hombres y las mujeres, entre los adultos y la niñez, que no es otra cosa que vivir con una perspectiva de género que  proponga un mejor mundo para todos y todas. 

1.  Las Naciones Unidas y la perspectiva de género, https://www.servindi.org/23/11/2018/por-que-las-naciones-unidas-defiende-la-perspectiva-de-genero. Accedido el 22 de junio de 2021.

2.  Consejo Económico y Social (ECOSOC) de las Naciones Unidas, 53a sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, Advocacy Sta- tement. http://ecumenicalwomen.files.wordpress.com /2008/11/ecumenicalwomencsw53.pdf. (marzo de 2009) 

3.  Péri Rasolondraibe, In Search of a Round Table – Gen- der, Theology & Church Leadership, ed. Musimbi R.A. Kanyoro (Geneva: WCC Publications, 1997), p. vii.

4.   La actitud de Jesús frente a los espacios y funciones culturalmente asociadas a los varones, ver Mateo 11.20-24, Lucas 19.41-44. Su inclusión de todas las personas, ver Marcos 2.15-16, Mateo 15.26-27, Lucas 7.34-50, Mateo 10.16. Jesús actuando en lugares asociados a la mujer, ver Marcos 1.29, 2.1-12, 9.28, Lucas 10. 38-42.

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