Como han cambiado las perspectivas de las relaciones entre géneros a lo largo de la historia

Por: Ángel Villarini Jusino

Para: La Revista Ciudadana

¿Cuánto ha cambiado históricamente la manera cómo entendemos el “ser mujer”?  Un ejemplo de la perspectiva de género aplicada a la historia.

Llega un momento en el que el espíritu prefiere, lo que confirma su saber a lo que lo contradice. En el que prefiere las respuestas, a las preguntas. Entonces el espíritu conservativo domina. Y el crecimiento espiritual se detiene.  Se conoce en contra de un conocimiento anterior, destruyendo conocimientos mal adquiridos o superando aquello que, en el espíritu mismo, obstaculiza a la espiritualización.                                                                                                                                     

                           Gaston Bachelard, La formación del espíritu científico

Quizá la manera más sencilla de entender la diferencia entre el sexo o genitalia, con la que nacemos los seres humanos (el ser macho o hembra) y los roles de género (el ser hombre o mujer) en que la sociedad y su cultura nos forma o educa, es viajar por el tiempo histórico. Esto nos permite comparar nuestra época con las anteriores y observar semejanzas y diferencias en nuestra identidad de mujer u hombre. Los y las occidentales nos hemos formado en una manera de entender, sentir, desear y vivir lo que significa ser hombre y ser mujer; de cómo deben ser las relaciones de poder entre ambos (quién manda y quién obedece, qué intereses se imponen y cuáles se subordinan), que heredamos de dos tradiciones, la judío-cristiana y la antigüedad griega clásica. Les propongo por ello que viajemos a la Grecia clásica para investigar esa herencia y poder entender desde la perspectiva de género cuánto hemos cambiado o no al cabo de 2,500 años. 

Observemos a la mujer en la antigüedad griega clásica:

Biológicamente no observamos diferencia

  • A lo largo de toda su vida, es propiedad de un hombre; del padre a temprana edad, luego del  marido, cuando el padre la entrega en matrimonio; normalmente a la edad de 13 o 14 años. 
  • El matrimonio se puede terminar por tres motivos: repudio del marido, que no requería explicaciones; que la mujer abandonara el hogar familiar, esto no suele ocurrir, ya que la reputación de la mujer en la sociedad se ve dañada; cuando el padre de la novia pide que se le devuelva la hija, probablemente para ofrecersela a otro hombre con un dote más atractivo.
  • El amor tiene poco que ver con el matrimonio. El amor puede surgir en la pareja, pero como un sentimiento general de amor o amistad; el amor del deseo, normalmente el marido lo busca en otras partes.
  • Las mujeres deben ser fieles a sus esposos, pero éstos pueden disfrutar libremente de los servicios de trabajadoras sexuales, de amantes dentro del hogar y de cortesanas.
  • Se espera que toda mujer se case; no hay previsiones ni posiciones para las mujeres adultas solteras. Sin derecho a voto, a tener tierra, el lugar de la mujer está en la administración y tareas de la casa y su propósito en la vida es parir y criar hijos. 
  • Recibe educación sólo en tareas de la casa, no tiene participación en la vida política. Recibe educación con el objetivo de educar a una niña, para prepararla a su papel en la crianza de los hijos y no estimular directamente su desarrollo intelectual. 
  • Las mujeres tenían ciertas propiedades personales, que normalmente habían adquirido como regalos de sus parientes, regularmente en forma de ropa y joyería. No podían hacer testamento y a su muerte todas sus propiedades pasaban a manos de su marido. En caso de muerte del padre, si era hija única, entonces el tutor o el marido, si estaba casada, se hacía cargo de la herencia. 
  • En algunas fiestas religiosas podía disfrutar de cierto protagonismo. Tenían protección ante la ley y gracias a la dote podían tener seguridad económica durante toda su vida. Viudas y ancianas estaban especialmente protegidas.
  • La excepción a este rol de dominio casi absoluto del hombre, eran las mujeres no ciudadanas. Como esclavas podían realizar todo tipo de tareas, incluyendo las sexuales, ya fuera en burdeles, para mujeres sin “educación”, o en lugares de entretenimiento o privados, para mujeres educadas en música y cultura; las cuales a menudo tenían relaciones duraderas con hombres casados. 

 Cómo entender que las y los griegos tuvieran este concepto del rol social de la mujer, de su falta de derechos y de poder frente al hombre, en fin, del género femenino, tan desigual con respecto al masculino. Para entenderlo hay que reconocer el concepto de la mujer, saber lo que significa ser mujer, que tenían las y los y griegos, que les permitía tomar como “natural” (physis), lo que hoy día reconocemos como histórico, social y cultural (nomos). 

Aristóteles, quizá el más grande sabio de la antigüedad lo resumió de esta manera:  “el macho es por naturaleza superior y la hembra inferior; uno gobierna y la otra es gobernada; este principio de necesidad se extiende a toda la humanidad.” Para Aristóteles es la naturaleza misma la que ha dotado al macho para el mando y la a la hembra, salvo casos antinaturales, para la obediencia. El papel subordinado de la mujer se debía a que a una superioridad natural debe seguirle una superioridad funcional (político-social). 

Para Aristóteles la desigualdad entre los seres humanos es parte de la naturaleza misma que nos descubre la ciencia: griego-bárbaro, amo-esclavo, hombre-mujer, entre otras. Se trata de una relación de gobernante-gobernado, en la que se benefician mutuamente ambos términos, aunque entre ellos no pueda haber “ni justicia en el plano jurídico, ni amistad en el plano ético”. Quien por naturaleza no es capaz de mandar, la mujer, necesita obedecer a quien sí lo es. Para justificar su tesis, con minuciosidad Aristóteles estudia las virtudes o capacidades femeninas que por naturaleza la  incapacitan para el mando.  Su tendencia a la  sumisión y pasividad, su debilidad corporal propia de las tareas domésticas, la valentía subordinada, la moderación y modestia. Además, no menos importante, la irreflexiva emotividad que rige su vida y opaca su capacidad para la deliberación  racional, que es la más importante virtud para el mando. 

Gracias a la perspectiva del género, lo reconozcamos o no, hoy día tenemos claro que la ciencia que Aristóteles reclama para justificar la situación de superioridad del varón sobre la mujer, confundía el hecho de la condición socio-histórico y cultural que la sociedad griega otorgaba a la mujer. con un hecho natural. Aristóteles confundía la forma específica de la sociedad en que vivió pero le otorgó validez universal. Por tal motivo, instituyó la estructura jerárquica de su sociedad como válida por naturaleza para todo tiempo y lugar. Su espíritu científico no fue capaz  de entender que una relación construida histórica y culturalmente no puede confundirse con la naturaleza misma de las cosas. No podemos naturalizar la cultura, para ello, la perspectiva de género es un instrumento fundamental.

Fuentes de información consultadas: 

Mark Cartwright, La mujer en la antigua Grecia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-927/la-mujer-en-la-antigua-grecia/

María Luisa Femenías, Mujer y jerarquía natural en Aristóteles http://www.hiparquia.fahce.unlp.edu.ar/equipo-editorial

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