Concertación para establecer prioridades económicas en el Puerto Rico de la post pandemia

Por: Marcia Rivera

 

Sabemos que Puerto Rico atraviesa una monumental crisis económica, producto de más de una década de contracción de la actividad productiva, de una cuantiosa deuda pública, de altos niveles de desempleo, y que fue arrasado por el paso de dos huracanes en 2017 y por terremotos en el 2020. Sabemos que la virulencia de la pandemia de COVID-19 nos hundió aún más porque miles de negocios han debido cerrar y mucha gente perdió sus fuentes de ingreso, enfermaron o murieron. Nos sabemos, además, víctimas cotidianas del colapso de buena parte de la infraestructura física imprescindible para poner la economía en marcha, así como de la impericia en la gestión pública y la persistente corrupción. Todo eso lo conocemos, lo vivimos a diario y a estas alturas deberíamos saber que, si no nos organizamos para incidir en las decisiones que se tomen para encauzar la recuperación económica, todo seguirá igual.  

 

¿Cómo aprovechar nuestra irrupción en los espacios legislativos, nuestras redes de saberes y talentos, de colectividades, territoriales y de la diáspora para quebrar la tradicional inercia en materia económica que caracterizó al bipartidismo? Ese es uno de los principales desafíos que tiene el Movimiento de Victoria Ciudadana hoy. Hay que construir una nueva economía, pero con visiones, políticas, parámetros de evaluación muy distintos a los que han prevalecido en los pasados cincuenta años.

 

Las visiones de cómo reflotar económicamente a Puerto Rico son muy diversas y van desde la percepción de que bastará con usar bien los cuantiosos fondos federales que han sido asignados a la recuperación de la Isla, hasta planteamientos como los de MVC de que hay que aprovechar esta coyuntura para gestar una estrategia sinérgica, multimodal e integral. Es decir, una estrategia radicalmente distinta a la que vislumbra el gobierno de Pedro Pierluisi. Entre uno y otro extremo hay diferencias notables. Por supuesto que es fundamental atajar la corrupción y profesionalizar la gestión pública, como dice Pierluisi, pero ello no basta. Será imprescindible generar capacidad, actitud y disposición para diseñar e instrumentar políticas que busquen el bien común, dadas las diferencias abismales que han tenido las sucesivas y acumuladas crisis económicas sobre distintos sectores de la sociedad puertorriqueña. ¿Trabajará el nuevo gobierno para las mujeres, que son las más pobres en los sectores más pobres del país, sabiendo que éstas no pueden pagar cabilderos, no tienen poder político, ni conocen la intrincada madeja burocrática para hacer valer su derecho a una vida digna? ¿Trabajará para los pequeños negocios que han sido devastados en los últimos años, cuando sabe que las empresas biofarmacéuticas generarán muchos más ingresos al fisco y, de paso, pueden ayudar a ganar la próxima elección? ¿Habrá quien piense que el gobierno de Pierluisi trabajará para sacar del sumidero a casi un millar de comunidades pobres que podrían ser la base de un desarrollo más justo y equitativo?

 

El gobierno seguramente reclutará los tradicionales economistas, que son muy dados a los engañosos promedios y a presentarnos estadísticas fantasiosas de esas que se generan hoy en aplicaciones de venta rápida. Todo ello seguirá ocultando realidades muy diversas, a menos que MVC se tome en serio que nos va la vida si seguimos con este modelo económico, cuyo fracaso ha sido constatado década tras década.  

 

Por eso es fundamental que nos asumamos como un colectivo preocupado por la base material de la vida y que asumamos en las redes tareas de analizar con mucho cuidado los impactos diferenciados de la crisis, como paso previo al diseño desde las bases de un conjunto de políticas, que sinérgicamente puedan lograr nuevos equilibrios razonables. Debemos ser capaces de nutrir el debate serio de ideas, propuestas y proyectos con potencial transformador y la investigación-acción como método de trabajo fundamental

 

Los problemas de la economía de Puerto Rico son complejos, multidimensionales y de difícil solución, si bien ya están ampliamente documentados; muchos están directamente relacionados con la particular relación que tiene Puerto Rico con los Estados Unidos. Hay que establecer prioridades, estrategias claras y sinérgicas y rutas de trabajo donde los insumos sean generados por la diversidad de los sectores más afectados. Tenemos una excelente base en nuestro programa de gobierno, pero ahora debemos abrirnos a conversar con gente diversa, que tiene visiones distintas a las nuestras, que vive la experiencia humana desde otros lugares. Supone también que nos aboquemos a este proceso desde el respeto recíproco y la confianza. Si no lo hacemos y no logramos concertar una estrategia para Puerto Rico perdemos todos y volverán a reproducirse los patrones de dominio hegemónico, de crecimiento de las desigualdades y de una sociedad profundamente antidemocrática, como la que ya es hoy Puerto Rico, aunque pocos quieran admitirlo.

 

Tenemos que ocuparnos colectivamente de cultivar y cuidar el árbol de la investigación-acción para guiar este esfuerzo de liderar el proceso de concertación. Podemos hacerlo. Puerto Rico tiene una enorme cantidad de talentos y capacidades, y MVC ha comenzado a articularlas. Hay centenares de asociaciones y grupos de trabajo de base y autogestión que han estado llevando luchas locales para mejorar sus condiciones de vida y trabajo. Tenemos el desafío de llegar a ellas, conversar e invitarlas a unirse a este esfuerzo. Nuestra diáspora se ha activado notablemente en los pasados años y hoy constituye un factor relevante de poder político y económico en Puerto Rico. También los municipios han demostrado ser el primer nivel de repuesta a los problemas de la gente en situaciones de crisis. Por ello, nuestros legisladores municipales pueden tener un papel sumamente relevante en el proceso de incidir en las decisiones que se tomen sobre la estrategia general de desarrollo económico de Puerto Rico.

 

El Movimiento Victoria Ciudadana tendrá muchísimo trabajo en los próximos años porque la agenda del cambio que iniciamos es grande. Pero en lugar sobresaliente tiene que estar el incidir en las decisiones que se tomen sobre la reestructuración económica. Tenemos que hacerlo desde todos los foros y ámbitos posibles, y con el mejor análisis de la realidad y de la diversidad de políticas que pueden usarse para atender el bienestar común; el de todos y todas que habitamos este maravilloso país.

 

Sabemos lo que hay y lo que podría haber si nos abocamos a trabajar cotidianamente por el cambio. Queremos salir del estancamiento; reducir o eliminar totalmente el peso de una deuda pública de $72 mil millones; educar a la gente para erradicar el modelo consumista y depredador de los recursos naturales; incrementar significativamente el sector de pequeñas empresas y la economía social solidaria; abogar por la reducción de fuga de ganancias corporativas; conseguir que bajen los costos de electricidad para generar miles de nuevos empleos en producción de bienes y servicios; reducir progresivamente la pobreza hasta eliminarla y bajar el nivel de desigualdad social; lograr equilibrios regionales, así como eslabonamientos virtuosos entre sectores para inducir una dinámica de crecimiento general de la economía. Eso es lo que queremos y lo que podemos lograr si nos lo proponemos, haciendo una labor de fiscalización y de demostración con proyectos innovadores. Estemos atentos, que las convocatorias al trabajo gustoso por otro Puerto Rico llegarán muy pronto.

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