La Mujer Dominicana: identidad, resiliencia y horizontes

Por Julio Álvarez

El jueves, 31 de marzo del 2022 a las 7:00 pm se llevó a cabo desde Santo Domingo, República Dominicana, el Conversatorio: «La Mujer Dominicana: identidad, resiliencia y horizontes» organizado por la Fundación Juan Bosch. El mismo contó con la participación de la historiadora Quisqueya Lora, la hispanista Ibeth Guzmán y la moderación de Jordy Rosario.

El conversatorio fue extenso de casi 2 horas con un despliegue abundante de información histórica. Esta reseña intenta un resumen, pero no quiere pasar por alto datos muy significativos para el tema no solo a nivel de la República Dominicana sino que ayudan a comprender mejor procesos similares en el resto de Latinoamérica.

La historiadora Quisqueya Lora en su recuento histórico de las luchas por los derechos de la mujer en su país, expuso de entrada que las conquistas de derechos también han sido el resultado del trabajo de mujeres anónimas que lucharon incluso desde la cotidianeidad. Exhibió una diapositiva de la entrada triunfal en Santiago de los Caballeros, de los hombres que había matado al dictador Ulises Heureaux en 1899 y la contrastó con otra de mujeres combatientes portando armas largas. La primera foto muestra a las mujeres en los márgenes, pendientes al recibimiento de los hombres guerreros, ejemplificando el espacio que la sociedad dominicana de la época le tenía asignado a la mujer. Mencionó a María Trinidad Sánchez y a Salomé Ureña entre algunas pocas mujeres que se dieron a conocer en el siglo 19 como parte de las luchas políticas. Indicó que en el siglo 20 esto se fue multiplicando. En este punto consideró muy importante destacar que Eugenio María de Hostos impulsó la creación del Instituto de Señoritas en 1880 y Salomé Ureña tuvo un papel muy importante en ese esfuerzo. Compartió una cita de la escritora y periodista española Rosa Montero que dice: «Los ambientes revolucionarios siempre han sido favorables al avance de las mujeres, los momentos socialmente anómalos dejan fisuras en el entramado convencional por dónde se escapan los espíritus libres.»

La Profesora Quisqueya prosiguió como historiadora a señalar 3 ambientes revolucionarios: la invasión norteamericana de 1916, la dictadura de Trujillo y los sucesos de 1965. La invasión norteamericana de 1916 generó la formación de una Junta Patriótica de Damas donde se destacaron muchas como Ercilia Pepín y Petronila Angélica Gómez. Estas eran mujeres de un nivel social más alto, pero de las gavilleras que se integraron a la misma lucha no hay nombres mientras hay una lista extensa de hombres gavilleros. Mencionó a Abigail Mejía que vuelve al país en 1927 y funda el Club: «Nosotras» y luego: «Acción Feminista Dominicana». Tres ismos entran en escena: Patriotismo, Feminismo y Sufragismo.

En 1942 se concedió el derecho al voto de la mujer porque la dictadura trujillista quería proyectarse como modernista, pero copó las organizaciones feministas neutralizando las luchas. Las elecciones mismas eran inconsecuentes bajo la dictadura. Menciona a Isabel Mayer: la primera mujer senadora, pero identificada con el Trujillismo. Aunque el régimen permitía estas figuras de brillo, había una política para fomentar la natalidad y consignar a la mujer dominicana en general, a las tareas domésticas. Menciona a una de las primeras médicas de la época: Evangelina Rodríguez, disidente del Gobierno y que planteó el tema de la contracepción, por supuesto a las hermanas Mirabal sobre todo a Minerva que presidió la organización opositora: «Movimiento Revolucionario 14 de Junio». Y terminó diciendo que en abril de 1965 después del golpe a Juan Bosch, muchas mujeres toman las armas para restituir el orden constitucional y a partir de ahí nunca volvieron a ser las mismas.

La doctora Ibeth Guzmán pasa entonces a un análisis de la construcción de la autopercepción femenina, basado en la Psicología Social. Expone que la mirada de otros influye mucho en cómo se desarrolla esa estimación propia y menciona lo que recibió de su madre en ese aspecto por ser su primer contacto con la imagen de mujer.

Su madre fue una mujer tan prominente como directora de Escuela que el liceo del Cruce de Guayacán lleva su nombre: Altagracia Victoria Crespo. Dice que le enseñó que las aspiraciones justas y nobles no tienen género, le enseñó a ser fuerte, pero también que las mujeres fuertes y determinadas pagan un precio.

Cuestionó las expectativas que la sociedad le impone a la mujer y entre ellas la maternidad forzada.

Sigue un análisis de ambas sobre el papel de la educación y de la literatura en la construcción social de los paradigmas acerca de la mujer, de sus oficios y de su cuerpo. Exponen en Perspectiva de Género cuestionamientos sobre los oficios asignados a la mujer y concluyen junto al moderador que el tema es muy complejo, pero que el progreso se mide a base de ir educando e inspirando a otras a continuar la lucha

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