La atomización política y las dificultades de gobernar Chile

Por Marcia Rivera Hernández

El recién electo presidente de Chile no lo tiene fácil, por más que a los analistas internacionales su triunfo electoral nos haya parecido un sueño hecho realidad y sus primeras acciones fueran emblemáticas: designó a jóvenes muy capaces, con buena formación y compromiso al frente de la gestión pública; estableció paridad de género en el gabinete y se comprometió a gobernar con un programa coherente y urgente de reparación económica-social. Pero las huellas de los años de dictadura y de los gobiernos neoliberales siguen imborrables y los intentos anteriores de los gobiernos de la Concertación por refundar el País fueron insuficientes. La pandemia también contribuyó su dosis de ansiedad y crispación a la población chilena, que quiere ver cambios inmediatos, pero le cuesta mucho ponerse de acuerdo. Gabriel Boric, cuyo triunfo es símbolo de esperanza, está hoy presionado desde muchos frentes y según varias encuestas su popularidad ha bajado 20% desde el día que asumió el poder, solo mes y medio atrás. ¿Qué está pasando?

Chile ha sido una sociedad muy ideologizada y fragmentada políticamente desde hace muchos años.  Hoy tiene serios problemas económicos y de desigualdades, producto del modelo neoliberal que se instaló desde la dictadura. La minería de cobre está enfrentando caídas en su producción y Chile también ha recibido migraciones inesperadas de países de la región que han causado molestia y violencia en la población. Grandes problemas acumulados y heredados, que se espera se resuelvan rápidamente, cuando ello debe ser gradualmente.  Hay 15 partidos políticos y seis más en formación. Los de oposición tienen una proporción mayor de escaños en el Congreso que la coalición Apruebo Dignidad que llevó a Boric al poder, con los cuales hay que negociar y concertar.  

Las alianzas electorales con la que Boric ganó necesitan coagular acciones contundentes y unitarias que aplaquen la ansiedad por cambios que quiere ver la gente.  Este primer mes y medio lo demostró claramente; hubo reclamos fuertes para que se indultara a quienes fueron arrestados en las protestas de 2019 a 2021 y protestas de empresarios que rechazaban que se les indultara porque les consideraban delincuentes; protestas por el alto costo de vida y en el norte por la cantidad de emigrantes que habían llegado y afectan el mercado de trabajo. También, muy recientemente, se repudió la presencia de la ministra del interior, la Dra. Izquia Siches que había viajado a La Araucaria para establecer diálogo con autoridades y víctimas de violencia de territorio Mapuche. Se encontró con que desconocidos habían levantado una barricada e hicieron disparos al aire. La ministra y el gobierno reiteraron que ello no impedirá que se busque justicia por las acciones de la policía en las protestas mapuches durante el gobierno de Piñera.

Probablemente, en esta etapa Gabriel Boric y su equipo tendrán que recurrir a más acciones presidencialistas, aunque su proyecto político buscará una visión mucho más dialogante y participativa, para poder dar respuesta a los múltiples desafíos del Chile de hoy.  Esa fue la estrategia que siguió esta semana para aumentar el salario de la clase trabajadora. El Poder Ejecutivo dialogó y llegó a acuerdos con la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) que permitirán encarar la inflación del País y hacer ajustes periódicos, previéndose un aumento efectivo el 1 de mayo, otro en agosto y otros según corresponda a lo que indique el Observatorio del Valor al Público de la Canasta Básica de Alimento, entidad que se está creando. Ese acuerdo debe ser sancionado por el Congreso, pero teniendo el respaldo de CUT difícilmente podrá el Congreso rechazarlo. 4

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