Ganó Petro

Gilberto Bonilla Sánchez1

El domingo, 19 de junio se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Los candidatos enfrentados eran, por un lado, Rodolfo Hernández, como líder del movimiento político denominado “Liga de Gobernantes Anticorrupción” al que adhirieron representantes de la derecha, el uribismo y el “antipetrismo” y por el otro, Gustavo Petro, líder natural del Pacto Histórico, la izquierda y el progresismo. Las probabilidades se repartían por igual según la mayoría de las encuestas de las últimas semanas, los pronósticos eran reservados y auguraban un empate técnico que solo se resolvería en las urnas con el voto a voto. 

El resultado: victoria para Petro con el 50,44% de los votos que equivalen a 11.281.013 y lo convierten no solo en el primer presidente de izquierda de Colombia, sino en el candidato que más votos ha obtenido para ocupar este cargo. En la otra orilla, queda el 47.31% que obtuvo Hernández por medio de los 10.580.412 votos obtenidos. Resultados y cifras históricas en un país donde el porcentaje de abstinencia en algunas ocasiones ha superado el 50% y para ésta, motivó la participación del 58,9% del censo electoral. 

Ganó Petro, pero también ganó el pueblo colombiano, especialmente aquellos sectores y grupos marginados que por varias décadas han sido invisibilizados y maltratados por las ausencias del Estado. Ganaron “los nadie”, como llama la vicepresidenta Francia Márquez a los ciudadanos que eligieron la opción de trabajar junto a ella para construir las condiciones que les permita “vivir sabroso” y salir del intencional olvido en el que han estado siempre. Ganó la democracia, que se vio amenazada de varias formas y desde diferentes corrientes ideológicas, pero al final demostró que ante el evidente clamor de cambio que exigía el país, sigue siendo una herramienta que supera de lejos los caminos violentos que otros se atreven a contemplar. Ganó la juventud, las mujeres, las poblaciones indígenas, la población afrocolombiana, las/los artistas , el magisterio y todos aquellos grupos acostumbrados a perder los domingos en las urnas y a resignarse a los gobernantes de siempre. Ganó la oposición, que revivirá de las cenizas si logra abanderar, escuchar y canalizar las exigencias de la mitad del país que votó por Hernández para presionar al nuevo gobierno a cumplir las promesas hechas en campaña sin caer en las trampas burocráticas y clientelistas del sistema. 

Ganó Petro, pero los retos y las exigencias son innumerables. Ya los medios de comunicación, los gremios económicos, partidos políticos, las iglesias, las comunidades y los ciudadanos de a pie, empiezan a manifestar y tramitar las peticiones, expectativas y esperanzas que tienen puestas en el nuevo gobierno.  Parece que muchos estuvieran esperando desde hace tiempo la llegada de un enfoque nuevo a tomar las riendas del país. Que despertaron los intereses por las viejas reformas que los anteriores gobiernos no se atrevieron a hacer y ahora, con la llegada de Petro, todos guardan la ilusión de que en cuatro años de gobierno componga lo que en doscientos años hemos degradado. 

Las exigencias son enormes, pero de igual tamaño son las oportunidades que tiene en sus manos Gustavo Petro para demostrar que es capaz de hablar y actuar en consecuencia, para reivindicar a los líderes de izquierda que al igual que él han puesto en riesgo su vida para ver este sueño hecho realidad. Para tratar a la oposición con las formas adecuadas y disipar los miedos que sobre su figura recaen, para reconstruir el tejido raído de esta sociedad agonizante y para ayudar a reconstruir las relaciones con los países vecinos. 

Ganó Petro y si las cosas salen bien, ganamos todos.

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1. Es filósofo y Magister en pedagogía. Docente universitario y de educación media. Integrante del grupo de investigación en Desarrollo humano de la Universidad Santo Tomás- línea de democracia, política y ciudadanía- en Bucaramanga, Colombia.

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